Hoxe convídovos á lectura. Non só por ser o Día Internacional do Libro, pois eu anímovos a ler calquera día do ano. Ou mellor! todos os días do ano! Pero si hoxe en concreto, por ser o día que é quero destacar a función fundamental que cumpre a lectura na nosa formación e na nosa construción como seres cívicos.
Hoxe convídovos, en xeral, á lectura de novelas, teatro, poesía, contos, banda deseñada, pero tamén de ensaios, textos científicos, históricos, xeográficos. Anímovos a ler porque iso levaranos polo camiño da autonomía persoal e social. Anímovos aos educadores a outorgarlle un papel relevante, máis alá do aprendizaxe mecánico da lectura e máis alá de enmarcalo como utensilio sen finalidade autotélica. Pensade, se vos axude, nas palabras de Álvaro Marchesi (2005, 16):
"Pocas personas dudan de la importancia de la lectura para la formación de las personas. Tampoco se pone en duda la necesidad de que exista una biblioteca en cada escuela para que los alumnos y sus profesores dispongan de los medios suficientes para realizar esta tarea. Sin embargo, en ningún currículo estatal o autonómico se reserva un tiempo específico del horario lectivo para esta actividad durante la educación obligatoria y en bastantes centros todavía la biblioteca no ha alcanzado un nivel aceptable. Semejantes contradicciones no alarman a la opinión pública, ni a los profesores, ni a la comunidad educativa, y apenas se relacionan con los resultados insuficientes que muestran nuestros alumnos en las comparaciones internacionales. Más bien se insiste en otros factores relacionados con las leyes vigentes, con los recursos disponibles, con la formación de los docentes o con la actitud de las familias y de los alumnos".
Hoxe convídovos, en particular, á lectura das palabras pronunciadas por Miquel Desclot o 27 de novembro de 2002 con motivo da inauguración da exposición para a campaña de fomento da lectura do Ministerio de Educación, Cultura e Deportes da Biblioteca Nacional. Un verdadeiro soplo a prol do patrimonio inmaterial e dos significados do saber popular / cultural:Leer para ser mejores
La mayoría de nuestros antepasados fueron analfabetos. Es verdad. Pero no fueron ignorantes. Ellos, simplemente, disponían de otro sistema de almacenamiento y transmisión del saber. A ellos les bastaba la memoria, que hacía las veces de biblioteca, y la transmisión oral, que hacía las veces de lectura. Y, a su manera, no eran menos sabios que nosotros. A su vez, los niños de aquella sociedad analfabeta, pero no ignorante, estaban en contacto permanente con la literatura de tradición oral, ya fuesen canciones, cuentos o adivinanzas, desde su más tierna edad hasta su madurez. No iban a la escuela, pero heredaban un saber secular. No leían, pero escuchaban la literatura que sabían sus mayores, y jugaban todo el día con las canciones y las fórmulas verbales que les había legado la tribu. En el fondo, eran más literarios que los niños alfabetizados de nuestros días. Eso fue así durante siglos, hasta que la cultura escrita fue extendiéndose y las formas de vida moderna, con todos sus sistemas de memoria artificial, acabaron no hace mucho con la tradición oral. Y los niños perdieron el contacto que con tanta naturalidad habían mantenido hasta entonces con la literatura.
Es aquí, pues, cuando entra en escena la necesidad de una literatura infantil: entre los cuentos y canciones de tradición oral que todavía se cuentan y cantan a los niños más pequeños hasta la narrativa y la poesía que se escribe para los adultos, nuestra sociedad precisa una literatura infantil que llene este vacío y haga posible una transición natural entre ambos extremos.
Este país ha perdido la sabiduría de transmisión oral hace relativamente poco tiempo, pero todavía no la ha substituído por una generalización de la cultura escrita. De hecho, como seguramente sabréis, España es uno de los países con un índice de lectura más bajo de Europa. No es un índice para enorgullecerse, precisamente. Todo el mundo tendría que luchar para modificar de raíz este estado de cosas que debería preocuparnos tanto como el índice de paro laboral o el índice de crecimiento económico. Los escritores, por supuesto, deben contribuir a ese necesario cambio con una aportación literaria de primera calidad, pero también denunciando y combatiendo las carencias culturales de esta sociedad. Todo el mundo tiene su papel a desempeñar en esta campaña imprescindible.
A la lectura se llega por el placer, es cierto. Empezamos a leer por placer, y de hecho sería deseable que ese placer no nos abandonara nunca. Pero llega un momento en que el placer en sí mismo parece insuficiente y hay que plantearse la lectura como una fuente de conocimiento, que a su vez es una nueva fuente de placer. Leer para gozar, leer para conocer, leer para comprender, leer para crecer como ser humano. Eso es dolorosamente necesario en un país donde la lectura todavía parece un lujo prescindible. Un país que no lee es un país inmaduro, un país donde la gente no sabe dialogar porque no sabe comprender, un país donde la gente se echa los trastos a la cabeza por menos de un quítame allá esas pajas.
Es decir, un país a medio civilizar, por más ordenadores per cápita que tenga. Yo os invito a soñar en un país donde la lectura nos lleve a la comprensión y al conocimiento. Es decir, a la verdadera libertad. Un país donde el individuo conozca y respete profundamente al otro: al que no tiene su color de piel, al que no piensa como él, al que no habla como él. Desgraciadamente, este sueño todavía queda lejos, pero nunca hay que desfallecer y renunciar a esa meta final. La triste realidad es que en este país interesa muchísimo más el fútbol que la lectura, muchísimo más Operación Triunfo que lo que ocurre en los distintos parlamentos, muchísimo más lo que pueda declarar una supermodelo que lo que pueda decir un escritor o un pensador. Desgraciadamente, en este país se cometen desaguisados culturales hasta en los lugares donde debería reinar el juicio más ejemplar: en una ciudad de tanta tradición sapiencial como Salamanca todavía se guarda con orgullo un botín de guerra fratricida que debería avergonzarnos a todos sin excepción. Y, sin ir más lejos, en esta mismísima casa venerable que nos acoge, se pretende clasificar la literatura en lengua catalana en tres apartados diferentes, según los autores procedan de una comunidad autónoma u otra: una decisión que, pasando por encima de cualquier criterio científico, sólo se explica por el desconocimiento, el menosprecio y la animosidad (algo así como si la Biblioteca del Museo Británico clasificara a Cervantes como literatura manchega y a Góngora como literatura andaluza).
Por favor, leed y soñad. Para que el conocimiento nos haga verdaderamente libres y civilizados. El día que las bibliotecas estén más solicitadas que los campos de fútbol, que los telediarios dediquen tanto espacio a los libros como a los goles, que nuestros representantes públicos se sienten a hablar y a escuchar civilizadamente sin insultarse ni despreciarse mutuamente, que la juventud prefiera ir al teatro antes que salir a emborracharse, que la mentira y la corrupción sean perseguidas en todas partes, sea quien sea el que las cometa, que los conflictos no se resuelvan a bombazos ni con abusos de poder, aquel día sí podrá decirse con razón que España va bien.
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Fontes:
Marchesi Ullastres, Álvaro (2005). La lectura como estrategia para el cambio educativo. En Revista de Educación, número extraordinario 2005, pp. 15 - 35. http://www.oei.es/re2005_05.pdf
Páxina web do Ministerio de Educación para transmitir o entusiasmo pola lectura e animar á súa práctica, que conta con materiais e consellos para docentes e familias. http://leer.es/
Texto de Miquel Desclot extraído da Revista Babar. Revista de literatura infantil y juvenil. http://revistababar.com/wp/?p=33
Imaxe de Miquel Desclot extraída da súa páxina web: http://www.escriptors.cat/autors/desclotm/
Imaxe da lectura extraída do blogue Bitácora Ubiqua. www.ubiqua.net

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